Viejos trucos que triunfan en la era de la alta tecnología

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El dulce misterio de la magia está encantando audiencias
La magia está de moda, pero no de la manera en que lo estuvo antes. Hace unos pocos siglos, ser un gran mago te podía llevar a la hoguera. Hoy en día, puede llevarte a tener un ciclo de shows en Las Vegas.

Como prueba del resurgimiento de la popularidad del mago, no hace falta mirar mas allá de la sala de cines más cercana donde una película basada en la magia, “The Prestige”, ha estado entre los primeros puestos. Seguido sólo por otra película de magia: “El Ilusionista”. Y esas películas vienen luego de años de crear super estrellas de la magia como David Copperfield, David Hemmings y Penn and Teller. Y luego, podemos mencionar el atractivo fenomenal que tienen las novelas de un joven que crece en un mundo mágico, Harry Potter.

Extraño ¿no? ¿Quién diría que en estos días en que podemos enviar satélites a los confines del sistema solar y mapear el genoma humano, todavía podríamos sorprendernos con personas que pueden hacernos pensar que vemos algo que no existe? Para Simon During (profesor de inglés del John Hopkins) la relación de la civilización con la magia deja algo profundo que decir sobre su cultura. El publicó su caso en un libro de 2002, “Modern Enchantments:: The Cultural Power of Secular Magic” (Encantos modernos: el poder cultural de la magia secular).

“Mi tesis es que hay un cambio cuando la magia deja de estar ligada a la religión,” dice During, nativo de Nueva Zelanda. “La magia ha sido tratada como algo que mostraba una relación ilegítima con lo sobrenatural… Pero empezando en los siglos 17 y 18, cuando cesó de ser demoníaco, algo malo y peligroso, se convirtió en algo disponible para el campo de la ficción”, dijo.

Cuando una cultura puede ver a la magia, sorprenderse y ser encantado por ella, pero saber que no es real, sucede algo profundo. “Esa relación de la cultura con la ficción (films, novelas, shows de magia) es sólo posible cuando la magia deja de tener esa gran conexión con la religión”, dice During.

Su argumento es que no puedes tener un mundo de fantasía hasta que no sepas que hay tal cosa como un mundo de fantasía; hasta que no te des cuenta de que los magos, como los novelistas y los cineastas, están creando ilusiones, no revelando otra forma de la realidad.

En su libro, During rastrea la magia en los más tempranos días de la historia documentada. Temprano en la tradición judeo-cristiana hubo un intento de hacer una distinción entre los milagros y la magia: unos la obra de Dios, otra del Diablo.
Los líderes de la iglesia descartaron que cuando Moisés tiró su bastón al piso y éste se convirtió en serpiente, estaba, meramente, haciendo un truco de magia. Al mismo tiempo, echaron a quienes practicaban magia. Eran hechiceros y brujas, quienes eran colgados o ahogados o quemados o encarcelados, leyes que se mantuvieron vigentes hasta alrededor de 1800.

“La religión aún tiene un problema con la magia”, dijo During, apuntando a la denuncia de los libros de Harry Potter por algunos líderes eclesiásticos. “Ese tipo de cosas persiste”. Pero eso, para muchos, hace difícil la separación entre los milagros y la magia.
“Algunas religiones evangélicas, entonces y ahora, obviamente, continúan usando estas formas de magia”, dice. “Pero todas las iglesias establecidas temen a la magia. Desearían decir que hay milagros reales pero juzgarían a las personas que dijeran tener algún tipo de poder sobrenatural. Por lo tanto, siempre hay una línea delgada allí.

En algunas culturas, la creencia en una presencia constante de lo sobrenatural persiste de manera extendida. Hay quienes, por ejemplo, ven los rayos no como actos aleatorios de la naturaleza, sino como un trabajo conciente de brujas. Ellos (los rayos) buscan a quienes deben ser culpados y asesinados o desaparecidos.

During nota que los poderes europeos que se han aliado con la magia, han usado este entendimiento al colonizar naciones, contratando a los magos para amedrentar a las comunidades indígenas. “Hay una historia real de esto”, dice. “Los franceses lo hicieron en Algeria, donde tomó tonos anti-islámicos”.

La frontera, para During, es que hasta que una cultura no controla a la magia, no podrá abrazar la modernidad. La habilidad de una cultura para crear obras de ficción y reconocerlas como tales, es una parte de ese proceso. Y, básicamente, un truco de magia es eso, un trabajo de ficción que te hace creer que algo que no pasó, pasó.

Liberada de sus trampas religiosas, la magia se transformó en la más poderosa forma de entretenimiento. En realidad, la magia formó las bases de lo que luego fue la industria del entretenimiento moderno. “En el período que abarca desde 1860 a 1920, los magos fueron grandes estrellas”, dice During. “Ganaban más dinero que los demás, incluso más que las estrellas de cine.”

Houdini, quien tomó su nombre por el mago del siglo XIX, Robert Houdin, era la más grande de estas estrellas, pero no era el mago convencional que creaba la apariencia de algo que en realidad no estaba allí. Los escapes de Houdini de una situación de muerte inminente usaban frecuentemente ilusiones, pero no eran solamente una ilusión. “Muchos de estos eran en realidad actos temerarios hechos en tiempo real”, dice During. “No fueron ilusiones completamente, ya que algunos incluían habilidades verdaderas aunque Houdini también hacía magia.”

Houdini pudo haber sido comparado con los que ahora caminan la frontera entre lo temerario y lo artístico producido, gente como David Blaine, un gran mago callejero, que logró hacer su show televisivo en horario central, haciendo cosas como encerrarse a sí mismo en un bloque de hielo y tratar de mantener su respiración por más tiempo de lo que pudo Houdini.

Ambas, “The illusionist” y “The Prestige”, están ambientadas a finales del siglo XIX y, en ellas, aparecen magos que están ocupando su lugar en el naciente mundo de las celebridades. El crecimiento de la ciencia y la industria les daba a los magos herramientas que les permitía crear ilusiones más y más elaboradas.

During dice que una de ellas (ciencias) era la óptica. “Les permitió desarrollarse a toda una nueva clase de magos. La electricidad, que juega un gran rol en “The Prestige”, era otra. “Muchos de los primeros artilugios científicos eran usados, antes que nada, en shows de magia”, dice During. “La electricidad era utilizada en shows de magia en el siglo XVIII, donde se podían ver aparatos eléctricos muy primitivos que la gente no había visto nunca.”

La magia se volvió popular no sólo como entretenimiento, sino también como un hobby. Las tiendas de magia se abrían en todas las ciudades.

Esta nota continuará mañana martes!

Fuente: www.BaltimoreSun.com, 5 de noviembre, 2006

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