Marco Tempest – El “mago tecno”

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Transcribo esta nota muy interesante publicada en el diario Clarín de Argentina, el año pasado.

Las maravillas del mago tecno

Entra y sale de la pantalla del televisor, envía frutas por fax y tiene un alter ego 3D. Mezclando ilusionismo y tecnología, se convirtió en el referente de una (muy) nueva manera de hacer magia.

Para darle un giro novedoso a los shows de magia que, además de los niños, coparon la TV argentina, sería una excelente idea convocar a Marco Tempest. Como un Matrix-mago, se convirtió en el presentador top de nuevos productos de las multinacionales. Puede hacer subir al CEO de Audi a un coche virtual, pasear con él y luego dejarlo del tamaño de una manzana, todo delante de sus empleados (aplausos, aplausos). Llevó la tecnología al ilusionismo y ya está recorriendo el camino inverso: trucos de magia por celular.

“Mirá a la gente.” La primera lección la tuvo a los siete años cuando corrió después del show de un mago a rogarle que fuera su maestro. Y ahí salió por las calles de su Zurich natal a mirar gente a los ojos. Aunque no se trata de una mirada cualquiera: debe tener “información, comunicación y, sobre todo, misterio”. Luego aprendió los trucos y finalmente descubrió que la atención de la audiencia venía de la mano de cierta facilidad para el levante: “Una vez hice un truquito y 57 chicas quedaron inmediatamente embelesadas”, dijo con precisión numérica al diario China Business News.

Se fue de Suiza en 1987 y se instaló en Manhattan. De inmediato ganó el premio de magia de la ciudad, el “New York World Cup of Magic”. Su especialidad siempre han sido las presentaciones empresariales: fue durante el auge de lanzamientos de productos high tech de los ’90 (para marcas como Apple, Microsoft, America Online o IBM) que Tempest adoptó la tecnología de las compañías que lo contrataban. Además, se fue armando de su propio equipo mientras las empresas como Sony y Silicon Graphics le pagaban sus actuaciones con software sofisticado.

Cuando se dio cuenta de los límites de un show tradicional de magia sobre un escenario, su destino tech estaba sellado. “La mayoría de los magos son muy parecidos, ellos no tratan de hacer algo nuevo”, apunta por teléfono a Clarín.com. Y sigue: “Por eso, el mundo tecno es una plataforma perfecta para hacer mi magia y mis negocios. La tecnología produce en la gente el mismo efecto que la magia: la sorpresa ante algo inexplicable”. En sus espectáculos incluye animación digital, teléfonos celulares, idas y vueltas entre el mundo real y el virtual: su sello personal es entrar y salir de las pantallas.

Aunque tiene una agenda llena de eventos por todo el planeta, también quiso probar las mieles de un éxito por afuera del mundo corporativo y produjo su propia serie de TV en alta definición: The Virtual Magician (El mago virtual) que se vio en 52 países (aún no en Estados Unidos) y que le abrió la puerta para embarcarse en otros negocios. Con su propia compañía, Newmagic Communications Inc, se unió a la discográfica Universal Music para incursionar en el entretenimiento vía telefonía móvil. Por estos días promociona en Europa un servicio para celulares: I-Magic, para que los usuarios bajen trucos de magia a sus equipos.

“Aventurero, científico, showman, soñador, héroe, no hay nadie como Marco Tempest.” Así se presenta oficialmente. Y usa tantas descripciones grandilocuentes como managers: tiene uno en Estados Unidos, que además maneja los shows empresariales; y otros en Suiza, Alemania, Francia y hasta uno que se ocupa, según define, de “todos los demás países”. Pero, contradiciendo a sus agentes de prensa, se puede decir que sí hay alguien como Marco Tempest: es Virtual Marco, su alter ego 3D que le permite sacarse brazos y piernas, abrir el pecho y mostrar productos.

En su sitio publicita sus trucos como si se tratara de una lista de productos a disposición del cliente. Por ejemplo, “El fax del futuro”: le pide a una voluntaria que le dé algo que esté llevando en su cartera. En el ejemplo citado, la mujer tiene una banana (¿?). Tempest envía de un fax a otro la fruta, que llega intacta (y tridimensional, es decir, la banana de verdad y no una imagen en dos dimensiones) a la máquina receptora. Luego la voluntaria queda atrapada en el fax emisor, las dos máquinas echan chispas y humo y… ¡magia! aparece la imagen faxeada de la voluntaria en el fax receptor.

Su primera lección le sigue siendo útil: cautivar a la audiencia es su leit motiv, pero aclara: “No como aquellos magos que se creen dioses. Como mago es muy importante que le caigas bien a la audiencia, que te puedas relacionar con tu público como amigos y no como un dios”. Para Marco Tempest, la fórmula del triunfo es el cambio constante usando la tecnología en lugar de la desgastada imagen de la secretaria dispuesta a meterse en una caja para que la corten en pedacitos.


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