Reflexiones

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Hoy me levanté tarde de la cama, no es que siempre madrugue, pero bueno, tengo una buena excusa, como varios saben mi otra vida es de cantante de blues y fuí a una “zapada”, “jam session” o “juntada de improvisación” depende del país que vivas tiene distintos nombres… La cosa es que llegué tarde a casa y es por eso que recién ahora me siento a escribir.

Tuve una experiencia anoche, esos momentos que por algún misterio de circulación sanguínea quizás, hace que se irriguen partes del cerebro que no se irrigan seguido y piense cosas locas.

Llegué al bar en cuestión y habían al menos 20 ó 30 músicos de blues, todos preparand sus instrumentos, calentando, fumando, charlando, compartiendo nervios y preparándose para subir a un escenario, un escenario que brillaba para un público raro ya que la mayoría éramos músicos por lo que le añadía bastante presión al asunto… Yo me predispuse a pasar una buena noche, fui con amigos y quería pasar un buen rato así que escogí la mesa de adelante, pegada al escenario, ese asiento desde donde ves hasta el sudor en la frente.

Fue una noche mágica, no sé si musicalmente, creo que no me importó mucho la música esa noche, si hubiese sido una “zapada de magos” hubiese sido lo mismo porque la pasión que veía en los rostros, la adrenalina de antes de subir al escenario, las pequeñas decepciones por no haber “metido ese yeite de Stevie Ray Vaughan que tanto estudié” o por la vuelta de solo que me faltó, la felicidad plasmada en el rostro, la libertad, la pasión con la que un obrero, un empresario y yo compartíamos un lugar en común y nos divertíamos en grande hablando un idioma común, señas locas, risas, gestos e impresiones…

El espíritu que el escenario era impresionante, oleadas rompían el silencio del lugar, atravesaban corazas y te daban en el medio del pecho, no sé porqué el arte hace eso en el hombre, si es un acto divino o simple reacción animal, no quiero saberlo, me conformo con esa sensación que llena el alma, la de arriba y la de abajo del escenario…

No importa si el músico hace el solo perfecto, la melodía mejor o una excentricidad de la técnica, es otra cosa la importante, que te diga algo, que te llegue al corazón.

Quizás sería bueno implementar eso en la magia no? ¿Importa si hago un incauto perfecto, una técnica depurada al detalle, un hilado de efectos único, una historia apasionante? ¿O es otra cosa?

Quizás lo que importa, lo que realmente importa, sin importar qué arte hagas, es hacer lo que sólo haces con el arte… Proyectar tu ser, manifestarlo y llegar a otra persona, conmoverla, maravillarla, conectarte, empatizar… Quizás sea sólo eso lo que nos hace lo que somos, quizás sólo eso es lo que nos hace ser humanos.

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4 Comments

  1. KIKO_M

    17 enero, 2009 at 5:59 pm

    sera eso lo que nos anima a seguir con esto.
    muy bueno oskiper

  2. Diego

    15 enero, 2009 at 7:07 pm

    LLevo poco tiempo (desde mi punto de vista) practicando magia. La mayoría de mis juegos son rutinas o partes de rutinas de magos de prestigio, de efectos que vi y me impresionaron.
    Últimamente estoy intentando preparar mis propios juegos y, aunque los trucos no son tan impresionantes quizás como esos que “tomé prestados”, siento que consigo transmitir algo que antes era incapaz de transmitir. Además, teniendo en cuenta que mi público suelen ser personas muy cercanas a mí, creo que comunicarles eso que tu sientas mientras realizas magia es algo tan impresionante o mas aún que el juego en cuestión.

  3. Pollito

    14 enero, 2009 at 11:20 pm

    Es excelente, creo que tienes razon, la idea esta en llegar al corazon de nuestro publico

  4. Miguel Jesús

    13 enero, 2009 at 11:25 am

    Bonita reflexión…que también llega dentro

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