Trabajando en los extremos opuestos

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Uno ha sido el artista de la magia más importante en Las Vegas por 15 años; el otro por dos meses. Lance Burton y Gerry McCambridge hacen trucos. Trucos impresionantes. Trucos que te dejan con la boca abierta rascándote la cabeza. Trucos que sorprenden audiencias enteras aunque ya saben de antemano que son sólo trucos.

Burton construyó su reputación como uno de los mejores magos en el mundo con presentaciones increíbles como por ejemplo su escape estando encadenado a las vías de una montaña rusa. Ha construido su fama alrededor de un teatro de 27 millones de dólares construido especialmente para él en el Monte Carlo.

Su show comienza con un “sleight of hand”. Después de materializarse en el escenario de una manera dramática, el mago llena el aire de pájaros. Palomas salen volando de bastones, de fuego o de papel. Un canario blanco llamado Elvis emerge de un pañuelo roto. Burton posa a Elvis en una jaula que flota a través del escenario.

Luego pasa a trucos mayores sacando a seis asistentes de un maletín. Levita un corvette y lo hace desaparecer con él mismo y una joven dentro.

El recién llegado McCambridge es un mentalista. Lee la mente de las personas y crea un asombro tal en el Stardust que le proporciona un hogar permanente en este legendario escenario. Cualquiera que haya asistido a alguno de sus actos sale asombrado y creyendo fervientemente en los poderes psíquicos del artista.

“Tú naciste en la Costa Este”, le dice a un invitado.
“Un poco más al Norte”.
“Eres de Connecticut”.
“Sí.”
“Hartford?”
“Sí.”

Luego se dirige a otro invitado.
“Quién es Kimberly?” le pregunta a un invitado que se queda totalmente sorprendido.
“Mi hija”.
“Ella tiene 16 o 17?”
“19”.

“Hay algún Justin aquí?” pregunta McCambridge mientras un voluntario se para. “Es usted casado señor?”.
“No, no lo soy”.
“Quién es Tammy?”
“Es mi novia”.
“Y quién es James?”
“Trabajo con él”.

Le pide a otro miembro de la audiencia que nombre la primera persona de la que se enamoró. Con su esposo sentado al lado de ella se ve claramente su incomodidad pero nombra de todas maneras al hombre que no ha visto en 30 años: “Jackie”.
McCambridge toma un sobre del interior de su chaqueta, lo abre y muestra un papel en el que está escrito el nombre “Jackie”.

Aunque los shows del mentalista son similares, cada uno es diferente por la relación con la audiencia. McCambridge abre el show con un voluntario que sostiene una guía telefónica, otro escoge al azar una página, otro elige una columna de la página y luego McCambridge pasa su dedo por la columna hasta que el primer voluntario le dice dónde parar. Luego revela que el número señalado es el mismo que escribió en un papel al comienzo del show.

En otro acto tiene un voluntario que gira libremente las agujas de un reloj hasta que le dice que pare. Bendado, él rota su propio reloj y ambos relojes marcan la misma hora exactamente.

Siempre les dice a sus seguidores que no tiene poderes psíquicos pero que usa una variedad de habilidades para crear esa ilusión, incluyendo el poder de la persuasión, memotécnicas, leer el lenguaje corporal y conocer la ley de probabilidades.

McCambridge, de 45 años, comenzó como mago pero se convirtió al mentalismo hace ya 20 años atrás. “La magia es el arte de la misdirection”, dice McCambridge. “El mentalismo es el arte de caminar en el borde entre la intuición y la ilusión”.
Pasó un año en el Rampart de Summerlin antes de convertirse en el artista que pudo llenar la sala de recepción para 200 personas del

Stardust en junio. Antes luchaba para llenar el auditorio en el difícil horario de las 5 p.m. cuando la mayoría de las personas están cenando. Cuando el show de topless “Headlights & Tailpipes” cerró, él saltó a tener la chance de actuar en un show a las 9 p.m. en el showroom del Sturdust, el antiguo teatro de Wayne Newton para 900 personas.

Aunque el mentalista no puede predecir qué le depara el futuro, el Stardust no tiene más reservaciones en su hotel hasta el 1 de noviembre y su agenda de shows debería cerrarse para fines de año para hacerle lugar al proyecto Echelon de 4 mil millones de dólares. El espera que los meses que ha podido actuar en este escenario legendario le puedan dar un hogar permanente en Las Vegas.

Burton, que también tiene 45 años, ha estado en Las Vegas por 15 años. Estuvo 5 años en La Hacienda antes de mudarse al Monte Carlo donde acaba de celebrar su décimo aniversario. Su contrato todavía está vigente por otros tres años.
El maestro de la ilusión comenzó practicando el arte de la “misdirection” a los 6 años en su ciudad natal Louisville, Kentucky. Su devoción a la magia comenzó cuando de chico un mago lo llamó al escenario para ser su voluntario. Ese es probablemente el por qué tiene un gran interés en enfocar su show a los niños, llamando 5 niños para unírsele en un truco del show que usualmente significa que 20 o 30 suban al escenario.

El show de Burton, que siempre es mejorado, acaba de recibir una actualización de 3 millones de dólares. El mayor cambio es la escena de la Zona Mágica, un truco donde una cabina telefónica es el punto principal. La pequeña cabina parece tener un interior gigante ya que miembros del staff del mago aparecen y desaparecen dentro de esa caja cerrada.

Con todo este talento, el punto más fuerte de Burton sigue siendo su personalidad.
Es uno de los magos más exitosos en el mundo. Tiene un teatro en Las Vegas llamado con su nombre; ha ganado numerosos honores y aún así se las ha arreglado para mantenerse humilde a través del proceso.

Esa es la verdadera magia.

Fuente: Las Vegas Sun, 14/08/2006

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